Hasta 1898, El Salto y Juanacatlán eran el mismo municipio. El río los separaba geográficamente pero la ley los unía. Lo que vendría después —la guerra, el fuego, los aviones cayendo en llamas— los separaría para siempre: en lo administrativo, y en lo que no tiene nombre fácil: el carácter, la identidad, la manera de entender a qué dios se le debe lealtad y a qué partido. Continuar leyendo